Skip navigation

Monthly Archives: abril 2010


Superviviente en este Madrid que tritura las tradiciones, el café Gijón inicia en mayo del 1888 (año en que nació Raquel Meller y mi abuela María Sanguino) la que sería una larga andadura.

Aún hoy, se sigue desperezando cada mañana abriendo sus vetustas puertas a los madrugadores que tienen el buen gusto de tomarse en su salón un aromático café con churros.

El Gijón, al que le basta y le sobre con su nombre y no necesita otra denominación, está impregnado de toda la belleza decadente de la Belle Epoque. ¡Cómo me atrae la  palabra decadente…! Me evoca  brillantes rasos rojos y dorados, murmullos de risas apagadas, tintineo de copas, crujir de viejas maderas, la caricia de un abanico de plumas, una mirada ruborosa aunque insinuante…

Bella ilustración de Mar Buelga

Yo amo lo decadente, lo que es ignorado por la ignorancia (valga la redundancia) y me aferro a la idea de seguir en la lucha para tratar de que no se olviden las modistillas del batallón, las vecindonas de Tribulete, las mamás cotorreando en el Ritz…¡Qué locura de decadencia!

Jesús Castejón y Sonia de Munk

¿Cuánto tiempo hace que no se queda usted con la boca abierta ante un espectáculo? Yo, desde luego, no lo recuerdo. Hoy me sorprendí haciendo ese gesto de admiración. ¿La causa? Una maravillosa representación en Los Teatros del Canal de las zarzuelas La viejecita y Château Margaux del maestro Fernández Caballero.

Los que me hayan leído opinando de este género sabrán de mi poca afición a las novedades. Lo confieso: soy muy clásica. Sin embargo, en esta ocasión, el escenógrafo Lluis Pascual consigue renovar las zarzuelas sin restarles un ápice de verismo. Y… ¡Qué decir de todo lo demás? ¡Perfecto!

Sonia de Munk y Borja Quiza

Jesús Castejón, hilo conductor de la trama, está sublime; la delicada soprano Sonia de Munck, perfecta y con una voz prodigiosa y destaca, por la dificultad de su papel, el joven barítono coruñés Borja Quiza que “borda” su doble papel de un apasionado Carlos y una sorprendente y tronchante viejecita.

Producida por Lluis Pascual en el Teatro Arriaga de Bilbao en mayo del 2009, llega a la Sala Roja de los Teatros del Canal de Madrid con el mismo despliegue luminotécnico, escenografía y vestuario. La orquesta y coros de la Comunidad de Madrid cumplen impecables su cometido consiguiendo, junto al resto del elenco, que el público disfrute de una genial representación.

Les aseguro que, tras anteriores experiencias, los Teatros del Canal van ganado en calidad al Teatro de la Zarzuela.

Sólo una “pega”: las escasas representaciones que se han programado. No lo entiendo habida cuenta de la expectación que despierta nuestra joya más valiosa: la zarzuela.

Sencillamente, espectacular

Apoteósis final